 El gordo Ciudad creció en un pequeño barrio del Perú, no precisamente del Perú profundo, pero un poquito más allá. Siempre fue un niño robusto y bien alimentado, a pesar que vivía con sus sus padres, sus 7 hermanos, sus abuelos por parte del papá, los hermanos de su mamá, un perro y un canario de nombre Cotorra. Conforme iba creciendo se hacía cada vez más una persona bonachona (a veces demasiado). En una oportunidad, caminando por el centro (se supone que de su ciudad) se encontró una billetera llena de billetes que él nunca había visto. Su corazón le decía que tenía que devolverlo a su dueño, así que se fue a la dependencia policial más cercana y habló con un señor que estaba en la puerta comiendo su segundo pan con tamal:
- Señor policia, me encontré esto en la calle. Tómelo para que se lo devuelva a su dueño. - A ver gordito, qué es lo que quieres.
Al ver los ojos del señor, supo inmediatamente que había cometido un error, sobre todo cuando éste empezó a jalonearlo y, cogiendo fuertemente la billetera, se dio a la fuga con el pequeño paquete encontrado.
Eso marcó su vida. Se dio cuenta que el mundo no es tan bueno como él pensaba. En ese momento tomó una determinación con lo que trataría de hacer un mundo mejor y donde la gente no corra con las cosas de otras: Sería Policía.
Lo que no sabía el gordo Ciudad era que ser policía, en el Perú, implicaba muchas veces tener un padrino que te pague la inscripción y todo lo demás. Eso nunca se pudo. Pasaba en tiempo y no lograba alcanzar su sueño.
Un día, resignado y al borde del cansancio, entró a un callejón que tenía en la pared pegado un papel que decía:
"Ingresa a la AGuaP. Nosotros te prepararemos para ser un hombre de ley.
Sigue el camino enlatado."
Luego de leer una, dos, tres veces, se dio cuenta que había llegado su momento, que estaba en el lugar indicado y que tenía simplemente que seguir el camino... ¿enlatado? Bueno, empezó a avanzar por el camino lleno de latas de basura y de cerveza, para dar con una puerta. La abrió y allí su vida empezó denuevo.
Han pasado tres años. EL gordo Ciudad ya egresó, con honores, de la AGuaP (Asociación de Guachimanes del Perú) y ahora luce su respectivo uniforme marrón, un pequeño garrote (que él mismo se hizo al terminar su primer año de estudios) y una buena zuela en sus zapatos, listo para recorrer la ciudad y detectar todo aquello que atente contra la tranquila vida de los ciudadanos.
Recordando sus clases de computación, usa sus habilidades aprendidas en la AGuaP y el apoyo de algunos bloggers compinches y unidos a la causa, para - en sus horas de ocio y relajo - postear sobre todo lo que ve, oye y habla.
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